LLevamos cerca de 3 años embarrados en la crisis. Lo que en un principio parecía ser una situación "temporal", sin que nadie pudiera determinar ni preveer sus consecuencias ni duración, se ha convertido en un status, incluso en una clase social, de la que casi todos nos podemos -ahora sí- imaginar sus consecuencias y duración.
Con el paso del tiempo, además, nos hemos podido percatar de que esta crisis es global. Varios empresarios me han manifestado su desilusión con algún socio o algún trabajador (del que anteriormente tenían en buena estima) que, ante las dificultades, no está a la altura, sino que pondera egoístamente sus intereses particulares sobre los colectivos y, sobre todo, que ignora la gravedad de la situación confiándose de que el empresario o su socio nada en la abundancia al margen de la cruda realidad. Esto genera una crisis emocional en el empresario que le desilusiona de tal manera que prefiere "tirar la toalla" y dejarse llevar por la corriente destructiva de la crisis. La misma referencia la podíamos hacer con determinadas parejas o matrimonios que, ahora, al verse obligados a cambiar su ritmo de vida, empiezan a ser redundantes: "estamos en crisis".
¿La solución?. Francamente, no lo sé. No obstante, debemos recuperar la confianza, tener ilusión por trabajar, por hacer cosas nuevas, por innovar... La confianza lo es todo. ¿Por qué los bancos no nos prestan dinero?, porque no CONFÍAN en que se lo podamos devolver. Queridos, empresarios, confiemos pues los unos en los otros y sobre todo cambiemos, porque necesitamos un cambio. Aprendamos de esta crisis y cambiemos.